viernes, 16 de febrero de 2007

Cosas que pensamos... y no decimos

Hoy me apetecía escribir algo, cualquier cosa… cosas que todos pensamos pero pocos dicen.
Podría hablar de cuando deseas a alguien que no es para ti, de cómo nos han enseñado a desear continuamente y a deber desear continuamente. ¿Qué deseamos? No hay que tener la perspicacia del doctor Lecter para ver que lo que más deseamos es aquello que nos rodea, lo que vemos cada dia. Así, deseamos a aquellos con los que compartimos trabajo, estudios, ascensor o el tren de las 8:58.
Podría hablar de la dificultad de encontrar tu identidad entre lo que te rodea, pues aunque vayamos de sociedad moderna aun nos basamos en estructuras y sobretodo apariencias rígidas. Eso se nota en muchos aspectos, como cuando quieres cambiar de vida y no sabes como, ya que la presión estructural y social que todos soportamos pesa mucho, demasiado.
Dejando mis manos un poco mas a su aire se ponen a escribir acerca del retorno del cine cutre (ah, pero… ¿es que alguna vez marchó?): realmente los encargados de elegir las nominaciones a los razzies hacen un trabajo de chinos, intentando mostrar la auténtica punta del iceberg, y relacionado con el cine llegaríamos a la música que nadie confiesa que escucha (en eso se parece a las encuestas televisivas); la piratería que todos practicamos (las conversaciones sobre las películas o lp’s descargados amenazan a las conversaciones sobre sexo en cualquier centro de trabajo, sea un hospital, una línea de montaje o una ong…), las farras con los amigos, las farras de
los que crees que son tus amigos y, lo que es peor, las farras con los que creen ser tus amigos; la rutinas tediosas de todo tipo de las que no podemos escapar (que si, que mantener un blog es puro entretenimiento, claro, claro…); las fantasías sexuales que no confesamos, las que no llevamos a cabo (y que confesamos menos aun); la política que nadie se cree, empezando por los profesionales del ramo, el terrorismo informativo (que tiene mucho de terrorismo y poquísimo o nada de informativo), la Letizia Ortiz, que nadie quiere porque es plebeya y va de reina (si, si, la primera reina de la historia que escribió mal su propio nombre), las ganas de estudiar carreras que no sirven para nada, la nueva cocina (cuyo precio y comestibilidad son inversamente proporcionales), la buena cocina (la de toda la vida, esa no te importa pagar su precio); las vacaciones que todos querríamos (y que son como los accidentes mortales, sólo les pasa a otros); los pijos (pero los que lo son de verdad, los otros, los que sólo lo parecen, ya tienen bastante, los pobrecillos); el golf que todo lo mata; el coche que queremos (y que nunca tendremos y, mucho menos, necesitaremos); el fútbol que no nos complace, ni lo hará mientras se nutra de mercenarios en lugar de deportistas besaescudos…
Seguiremos pensando…. y, quien sabe, diciendo.

domingo, 27 de agosto de 2006

Otoño

Vamos a ver. A 27 de agosto ya se puede oler el otoño. Tiempo de cambio, de accion, de competicion, de ganar, de cambiar posibilidades por resultados tangibles, de cumplir objetivos fijados o, simplemente, soñados. Apenas queda quien confie en mi. Solamente los amigos de verdad (no esos que van y vienen, sino a los de verdad: a esos los elijo yo. Si eres o no uno de ellos, lo sabes tan bien como yo). Pero eso me viene bien. Me gusta sorprender, ser quien pega el golpe que nadie espera. No hay marcha atrás, no me voy a rendir. Y por supuesto que me saldre, como siempre, con la mia.

No siempre...

Las cosas suceden como se desea.

Los hechos nos parecen justos.

El destino nos satisface.

Las despedidas son como soñamos.





...pero yo, prefiero quedarme con lo bueno, con la magia. Quedarme con una historia... y olvidar si existe un capitulo final.

domingo, 26 de febrero de 2006

Y... ¿Porqué estudiar Antropologia? ¿De qué va eso?

Esa es una pregunta con la que me enfrento en multitud de ocasiones, ya sea en el ámbito laboral, del ocio o simplemente cuando conoces a alguien y le explicas a qué te dedicas. Normalmente suelo decir:
- "Bueno, queria estudiar una segunda carrera, así que cogí la guia de carreras de la universidad, y empezando por orden alfabético, en la letra "A" me encontré con Antropología, y luego ya no seguí buscando..."
Si hubiera empezado por atrás, como hace mucha gente con los periodicos, quizás ahora estaria implicado en el mundo de la Veterinaria. Pero como se trata de conocer un poco de que va eso de la Antropologia (que ni yo sabia cuando empecé), hay que decir que:

1) La antropología proporciona un saber específico sobre la realidad social, con un marco teórico y una metodología que le son propios. Aborda el análisis de los fenómenos socioculturales en sus contextos particulares desde una perspectiva global, holística, que atiende a todos los elementos relevantes implicados en su definición, al tiempo que los conecta con la dimensión universal humana presente en todas las culturas.

2) A lo largo de su trayectoria histórica, la antropología como ciencia ha desarrollado un marco teórico específico (principios, paradigmas, sistemas conceptuales, hipótesis, etc.) que, junto con una metodología propia (análisis cualitativo, trabajo de campo, observación participante) han ido conformando su cuerpo doctrinal. Además, al enfocar los problemas de nuestras sociedades desde nuevas categorías y perspectivas, la antropología plantea nuevas preguntas sobre los mismos.

3) La antropología ofrece una comprensión profunda y rigurosa de los fenómenos culturales, contribuyendo a aumentar el acervo social de conocimiento que, además de su indudable valor intrínseco, posee un enorme potencial de aplicación práctica, tanto desde la propia antropología (antropología aplicada) como desde otras ciencias.

4) El enfoque antropológico, aunque se relaciona e interactúa con otras disciplinas, ha encontrado un hábitat propio e independiente de estudio, que resulta muy eficaz a la hora de abordar fenómenos socioculturales de gran relevancia tales como: multiculturalidad, flujos migratorios e integración de minorías étnicas, nuevas formas de organización familiar, relaciones de género, cambios en el mercado laboral y transformación en el sistema de valores, que afectan a todos los ámbitos de la sociedad (formas de asentamiento, consumo, medio ambiente, sanidad, educación, política, relaciones empresariales y de mercado, etc.) y cuyo análisis se hace especialmente urgente en el contexto de secularización, globalización y cambio acelerado que caracterizan a nuestras sociedades.

5) Los licenciados en antropología disponemos de las habilidades y herramientas específicas necesarias para dar una respuesta adecuada a todas estas cuestiones, desde una perspectiva sui generis mediante perfiles profesionales como: cooperación internacional, desarrollo local, mediadores y dinamizadores culturales, intervención social, agentes de igualdad, planificación urbana, consultores turísticos, gestión del patrimonio cultural y etnográfico, promotores de salud, colaboración en medios de comunicación, asesores medioambientales, consulting empresarial, gestión y organización de recursos humano, investigación de marketing y consumo, etc. Sin olvidar el campo de la docencia dentro de los propios estudios de antropología, en el plan académico de otras disciplinas y en la enseñanza secundaria.

Bueno, como explicación no esta mal, ¿no?

sábado, 12 de noviembre de 2005

Ser catalán hoy

Creo que todo iria mejor si los políticos y los ciudadanos (pero... ¿es que los políticos no son ciudadanos?) hablaran el mismo idioma. Pero para comunicar, de momento, los profesionales. Uno de ellos, de los mejores, es un tal Andreu Buenafuente. Recientemente realizó una opinión, la cual comparto totalmente. Dice así:

" Yo soy catalán sí y sólo espero que las cosas vayan bien en todos los aspectos de la vida. Sólo espero (sigo haciéndolo cada día) que el ser humano o lo que queda de él, trabaje por un mundo mejor. Más justo, menos competitivo y excluyente con los que no tuvieron la suerte de nacer en un punto, llamémosle rico del planeta. Para desear lo que acabo de decir, uno puede ser catalán, gallego, croata, venezolano o de ninguna parte. Hay gente que no se siente de ninguna parte. Hoy, he empezado denominándome catalán a causa del enorme e incompresible chaparrón político que se ha desatado sobre nuestras cabezas, como si no hubiera temas importantes. Con motivo de la ya famosa propuesta del Estatut (que nadie ha leído), se ha recrudecido y hasta envenenado el eterno debate sobre nuestros DNI, los supuestos sentimientos de patriotismo y ese tipo de cosas que no nos importan a la gente de la calle. Dado que ésta es una sociedad mediática apabullante, los presuntos periodistas y sus grupos ejercen de jueces en lugar de informadores. Predisponen en lugar de servir las noticias.

Así es como se oscurece el clima y se cambian la palabra "debate", por "crisis" o "debacle nacional". La derecha se apunta al carro de la crispación y demuestra que no sabe vivir en la oposición. No tiene ideología. Sólo pretende recuperar el control del "chiringito". Y, para eso, cuanto más grande e incuestionable sea el "chiringuito" nacional pues mejor. A la derecha, le trae al fresco la modernidad y la evolución del estado. Si pudiera, ni se hablaría de éso. Como si callar, eliminara el problema. Los políticos, en general, enfocan los temas con torpeza, se les escapan de las manos y generan la inquietante sensación de que "tenemos un problema". Bueno, pues yo no tengo ni quiero tener problemas de este tipo. Yo exijo que el estado aplique todos sus mecanismos legales y reguladores para eliminar el conflicto de nuestra vida cotidiana. Somos libres. Nos gestionamos así y el miedo, el oscurantismo y los apocalípticos deberían estar prohibidos. Porque no es sano, ni moderno, ni democrático. Todos aquellos, los que sean, que aviven el fuego de la controversia, deberían verse en un espejo y contemplar sus aspectos de hechiceros de la tribu.

Si Catalunya quiere un nuevo estatuto, ¿qué vamos a hacer? Pues lo que dice la ley. Esperar a que el Parlamento español se pronuncie y considerar todas las declaraciones vertidas durante el proceso como un elemento más del juego democrático. De nada sirve juzgarlas por separado. De nada sirve ensalzar a los radicales, ni demonizar a los que discrepan, ni ridiculizar al gobierno. Bueno, sí. Sirve para cargarse al estado. Aquí, donde yo vivo, nadie quiere ofender a nadie. Nadie quiere enfrentamientos porque las heridas del pasado son demasiado dolorosas como para desear reabrirlas.
¿Unidad Nacional? Estaremos unidos si respetamos nuestras diferencias e identidades, conservadas con esfuerzo y alguna tragedia a través de los siglos. Si nos sentamos en una mesa a construir la España del siglo XXI, conseguiremos erradicar esa sensación de pantano agrietado que amenaza con llevarse por delante tantos años de poso común.

Los tiempos cambian y los pueblos que conforman el Estado español son más listos, avanzados y orgullosos. ¿Que hay de malo en eso? El orgullo sumado nos hará más fuertes. Nos plantará ante Europa como un pulpo de tentáculos rápidos y musculosos y no como un cangrejo con boina que camina hacia atrás y no ve el progresos aunque lo tenga delante de sus narices.

Soy catalán. Mis padres emigraron desde Andalucía tras una guerra fraticida. Mi jefe es italiano y vive en Madrid. Uno de mis mejores amigos es de Chamberí. Su hija nació en China. Mis parientes se reparten por Valencia, Murcia y Galícia. Mi compañera de trabajo nació en New York. Toda esa gente, ahora y aquí, pedimos políticos a la altura de las circunstancias que negocien nuestro futuro con sentido común y profesionalidad."

OLE

martes, 8 de marzo de 2005

Reflexiones de un ocioso

Las tardes de espera en el dentista, además de ser largas y dolorosas, dan tiempo para pensar... y la oportunidad de escoger entre una amplia oferta editorial: Hola, Lecturas, ¡Que me dices!... y entre todas estas revistas, curiosamente, un cuadernillo llamado “Joves i participació a Catalunya”. Casualmente lo abrí por la parte “El temps dels joves”. Sorprendente...
Así te enteras de que durante el fin de semana, el 85 % se dedica a hablar con los amigos. ¿Y el resto? a) No tiene amigos. b) Sí, pero quizás no hablan mucho. El 75 % mira la TV, sin especificar que parte ve el canal satélite digital con una tarjeta pirata. Sigue en el ranking el ir a bares, con un 73 %, pero no dice en que estado salen de ellos. Me llamó mucho la atención que en posición destacada estuviera con un 36 % el “no hacer nada”, por delante de ir de marcha, hacer deporte, hacer el amor, practicar hobbies y juegos de mesa, conceptos todos ellos que se pueden llevar a cabo maliciosamente a la vez con una sola acción. Por cierto, me tranquilizó que el 32 % de los jóvenes hacen el amor durante el fin de semana (o sea, que de cada tres, uno debería caer algo, seguro). Cierra la tabla el asistir a reuniones religiosas (¿existen?) y políticas (con la mágica cifra del 0,7 %), porcentajes importantes teniendo en cuenta que la encuesta la hizo la Generalitat de Catalunya.
De todo esto podemos concluir que:
1) Vivimos inmersos en la cultura del ocio, (y no sólo durante los fines de semana).
2) Internet aun no nos ha separado de las relaciones humanas (entonces, ¿que haces leyendo esto aquí?).
3) Ya que uno de los argumentos mas utilizados reiteradamente por los jóvenes para no asociarse es la falta de tiempo, como justificante de ciertas actitudes no parece apropiado.
Con todo ello, son datos que hay que tener en cuenta en proyectos como, por ejemplo, la gestión de las a veces polémicas y discutidas zonas de ocio.

sábado, 5 de marzo de 2005

Reflexiones de un ex-miembro de la JSC

Ahora que nos encontramos en un periodo suficientemente alejado de cualquier sufragio u elección política que nos afecte directamente, durante los cuales se nos bombardea con cientos y cientos de propuestas para mejorar la sociedad, es sin duda un momento perfecto para valorar cual es el grado de participación juvenil en dicha sociedad.
No voy a descubrir ahora algo que es obvio: los índices de participación juvenil europeos nos indican que en España existe un déficit de impresionantes dimensiones. Las dificultades a las que se enfrentan los jóvenes que quieren participar en el día a día de la sociedad son de toda índole: falta de reconocimiento social y político, pocas ayudas públicas, aumento de la burocracia, desconfianzas... Sabemos que la gente joven comprometida y activa no recibe el apoyo suficiente de los poderes públicos, de la misma manera que muchos jóvenes que quisieran participar no encuentran la manera de hacerlo.
Las propuestas se pueden hacer en dos direcciones: que aquellas y aquellos que ya realizan actividades (organizaciones políticas juveniles, ONG’S, voluntariado...)reciban todo el apoyo necesario y que la cultura participativa se incremente, sobre la base de animar a los que se muestran reacios a participar.
Pero dichas propuestas no pueden ser sólo realizadas desde la base institucional: ha de existir una demanda de participación por parte de los jóvenes. De los jóvenes que no se resignan. Lo peor que se puede hacer en este caso, aún mas, es resignarse. Hay una amplia avenida por la que podemos transitar para construir una sociedad más solidaria, más justa, más parecida a la que nos gusta. Pero para ello no basta con opinar cada cuatro años, también hay que participar.

Ángel exterminador

  Mitya apenas recordaba el momento exacto en el cual, unos meses atrás, su jefe le dijo que toda la unidad viajaría a Bielorrusia a unas g...