divendres, 11 de gener de 2002

El fin justifica... ¿los medios?

Si dentro de algunos años se nos pregunta acerca de lo que más recordamos del año 2001, probablemente la mayoría coincida en dos hechos principales: los atentados de septiembre, por lo que tuvieron de repercusión mundial, y el debate en torno al Ecoparc-2 en Ripollet, por su repercusión local.
En el primer caso, los atentados sirvieron de excusa a los EE.UU. para bombardear Afganistán e iniciar una cacería humana, aunque ya hacía mucho, demasiado tiempo, que allí era necesaria una intervención, aunque sólo fuera para liberar a las miles y miles de mujeres que vivían oprimidas por ideas de otro tiempo, de otro mundo. Ideas impuestas por personajes que decían actuar en nombre de la religión islámica, ideas carentes de lógica y sentido en nuestro mundo.
En el segundo caso, también intervinieron una serie de personajes que, amparándose bajo la bandera de la "democracia participativa", hicieron suya una reivindicación legítima pero llevada a cabo de manera bastante más propia de seres con túnicas y grandes barbas que de ciudadanos de Ripollet. Y del mismo modo que los talibanes hacían y deshacían su ley en nombre del islam, había gente que rechazaba el Ecoparc-2 actuando en nombre (decían) de algunos ciudadanos, pero con métodos bastante radicales y fuera de lugar en un pueblo como el nuestro.
Desearía que, al recordar estos hechos, recordase también que el 2002 fué el año en que el diálogo, la crítica constructiva, la participación democrática verdadera hicieron que estos problemas desaparecieran como tales. Ya tenemos un mundo lo bastante complicado como para, además, dirigirnos hacia el lugar equivocado.