divendres, 28 de juny de 2002

El precio de la huelga

Una semana después de la huelga general se puede valorar lo que ésta ha sido, sin entrar en debates acerca del éxito o fracaso de la misma. Es sorprendente que una de las conclusiones del 20-J sea que, para muchos, guarde un gran parecido con unas vacaciones. ¿Por qué? Fácil: No sólo hizo (o no) huelga el que quiso, sino el que se lo podía permitir. Sorprendente la gran cantidad de personal que como única razón para no secundar la huelga alegaba motivos económicos. Sorprendente la gran cantidad de trabajadores que viven al día y que no llegan a fin de mes si se les priva de un día de sueldo.
Sorprendente la cantidad de personas que han de afrontar la carga de una exagerada hipoteca o de los muchos gastos vitales, con un contrato precario y un sueldo más cercano al salario mínimo interprofesional que al salario medio. Sorprendente la cantidad de asalariados que ni plantean seguir una huelga porque próximamente han de ver renovados sus contratos.
Sólo con eso ya tenemos motivos para montar no una, sino varias huelgas generales. Claro que tendría que ser a costa de ver menguada la retribución a final de mes. Triste es que una de las pocas armas de que disponen los trabajadores para reivindicar sus derechos tengan que ser costeados a un alto precio. Y eso los que tienen la suerte de cobrar cada mes.
Y encima, ni siquiera podemos ya decir "España va bien" aunque sea en el Mundial. Mire usted.