dissabte, 5 de març de 2005

Reflexiones de un ex-miembro de la JSC

Ahora que nos encontramos en un periodo suficientemente alejado de cualquier sufragio u elección política que nos afecte directamente, durante los cuales se nos bombardea con cientos y cientos de propuestas para mejorar la sociedad, es sin duda un momento perfecto para valorar cual es el grado de participación juvenil en dicha sociedad.
No voy a descubrir ahora algo que es obvio: los índices de participación juvenil europeos nos indican que en España existe un déficit de impresionantes dimensiones. Las dificultades a las que se enfrentan los jóvenes que quieren participar en el día a día de la sociedad son de toda índole: falta de reconocimiento social y político, pocas ayudas públicas, aumento de la burocracia, desconfianzas... Sabemos que la gente joven comprometida y activa no recibe el apoyo suficiente de los poderes públicos, de la misma manera que muchos jóvenes que quisieran participar no encuentran la manera de hacerlo.
Las propuestas se pueden hacer en dos direcciones: que aquellas y aquellos que ya realizan actividades (organizaciones políticas juveniles, ONG’S, voluntariado...)reciban todo el apoyo necesario y que la cultura participativa se incremente, sobre la base de animar a los que se muestran reacios a participar.
Pero dichas propuestas no pueden ser sólo realizadas desde la base institucional: ha de existir una demanda de participación por parte de los jóvenes. De los jóvenes que no se resignan. Lo peor que se puede hacer en este caso, aún mas, es resignarse. Hay una amplia avenida por la que podemos transitar para construir una sociedad más solidaria, más justa, más parecida a la que nos gusta. Pero para ello no basta con opinar cada cuatro años, también hay que participar.