sábado, 5 de marzo de 2005

Reflexiones de un ex-miembro de la JSC

Ahora que nos encontramos en un periodo suficientemente alejado de cualquier sufragio u elección política que nos afecte directamente, durante los cuales se nos bombardea con cientos y cientos de propuestas para mejorar la sociedad, es sin duda un momento perfecto para valorar cual es el grado de participación juvenil en dicha sociedad.
No voy a descubrir ahora algo que es obvio: los índices de participación juvenil europeos nos indican que en España existe un déficit de impresionantes dimensiones. Las dificultades a las que se enfrentan los jóvenes que quieren participar en el día a día de la sociedad son de toda índole: falta de reconocimiento social y político, pocas ayudas públicas, aumento de la burocracia, desconfianzas... Sabemos que la gente joven comprometida y activa no recibe el apoyo suficiente de los poderes públicos, de la misma manera que muchos jóvenes que quisieran participar no encuentran la manera de hacerlo.
Las propuestas se pueden hacer en dos direcciones: que aquellas y aquellos que ya realizan actividades (organizaciones políticas juveniles, ONG’S, voluntariado...)reciban todo el apoyo necesario y que la cultura participativa se incremente, sobre la base de animar a los que se muestran reacios a participar.
Pero dichas propuestas no pueden ser sólo realizadas desde la base institucional: ha de existir una demanda de participación por parte de los jóvenes. De los jóvenes que no se resignan. Lo peor que se puede hacer en este caso, aún mas, es resignarse. Hay una amplia avenida por la que podemos transitar para construir una sociedad más solidaria, más justa, más parecida a la que nos gusta. Pero para ello no basta con opinar cada cuatro años, también hay que participar.

viernes, 19 de noviembre de 2004

Reflexion de un antropólogo

Día a día, examinando la información que nos llega con cualquier medio (prensa escrita, televisión, radio...) es fácil comprobar un hecho que al menos se puede calificar de curioso: la creciente existencia de diferentes tipos de muros. Algunos físicos, otros ideológicos y culturales, pero que tienen en común su función de barrera más o menos efectiva en algunos casos: las vallas que delimitan la ciudades autónomas de Ceuta y Melilla; el muro electrónico que vigila la costa sur española; las leyes represoras de la inmigración; diferentes opciones políticas que se alimentan de la exclusión y que avanzan en ciertos lugares en el terreno de las urnas; la opresión de la deuda externa... Y del famoso muro de Israel ni hablemos.
Pero nos hemos acostumbrado también a hechos que entran en contradicción con los anteriormente citados: un mundo abierto por las nuevas tecnologías (internet, telefonía, cable, etc.); la globalización, con un mercado sin fronteras; el teórico avance de las instituciones internacionales especializadas en la mediación de conflictos...
De dicha contradicción tendríamos una primera visión de la realidad: que a este lado falta iniciativa para solucionar los problemas que existen al otro lado de dichos muros; que caen los muros del Este pero se levantan otros en el Sur; que los constructores tendrán mas facilidad para levantar dichos muros; que en ambos lados avanzan las sombras de la desigualdad y la violencia, etc.
La solución a dichos problemas pasaría por centrar el trabajo en extender ciertos valores en el mundo “global” y desarrollado; en hacer ver lo que existe detrás de esos muros y, en definitiva, derribar los muros porque sencillamente no hagan falta. Solo así iremos todos, globalmente, por el buen camino.

Reflexion de un geógrafo

La vorágine diaria, ese caos que te envuelve, desplaza tus prioridades y crea nuevas y continuas necesidades, tiene una de sus facetas mas negativas en la falta de tiempo unida a la necesidad de una movilidad obligada. A nivel personal, he aprovechado un rato muerto en uno de los tristemente habituales colapsos para llegar a mi lugar de trabajo para realizar la siguiente reflexión. Estamos delante de una oportunidad de comenzar la conquista de un espacio que en el siglo XX fue tomado por el vehículo privado de una manera a menudo excesiva. Se trataría de devolver a la vía pública y urbana las funciones propias de relaciones personales, sociales, comerciales, etc. que siempre las habían caracterizado, haciendo que se pueda hablar verdaderamente de armonía entre el ciudadano como peatón y el vehículo privado. Esto implicaría un uso mas lógico de los vehículos que, hoy por hoy, continúan siendo imprescindibles para acceder a muchos destinos interurbanos y sobretodo en ciertos horarios.
Este solo es un primer paso, pero se tiene que ir mas lejos aún. La calidad urbana requiere parámetros que hasta hace bien poco no se habían tenido en cuenta: la calidad atmosférica, la seguridad ciudadana, los ruidos, el diseño... Y somos los conductores (que nunca hemos de olvidar que somos también peatones en primer lugar) los que hemos de rebajar la presión de nuestro coche sobre el espacio urbano, haciendo un uso más lógico de los vehículos en el interior del núcleo urbano, moviéndonos como viandantes de manera cotidiana para realizar aquellas actividades habituales.

viernes, 28 de junio de 2002

El precio de la huelga

Una semana después de la huelga general se puede valorar lo que ésta ha sido, sin entrar en debates acerca del éxito o fracaso de la misma. Es sorprendente que una de las conclusiones del 20-J sea que, para muchos, guarde un gran parecido con unas vacaciones. ¿Por qué? Fácil: No sólo hizo (o no) huelga el que quiso, sino el que se lo podía permitir. Sorprendente la gran cantidad de personal que como única razón para no secundar la huelga alegaba motivos económicos. Sorprendente la gran cantidad de trabajadores que viven al día y que no llegan a fin de mes si se les priva de un día de sueldo.
Sorprendente la cantidad de personas que han de afrontar la carga de una exagerada hipoteca o de los muchos gastos vitales, con un contrato precario y un sueldo más cercano al salario mínimo interprofesional que al salario medio. Sorprendente la cantidad de asalariados que ni plantean seguir una huelga porque próximamente han de ver renovados sus contratos.
Sólo con eso ya tenemos motivos para montar no una, sino varias huelgas generales. Claro que tendría que ser a costa de ver menguada la retribución a final de mes. Triste es que una de las pocas armas de que disponen los trabajadores para reivindicar sus derechos tengan que ser costeados a un alto precio. Y eso los que tienen la suerte de cobrar cada mes.
Y encima, ni siquiera podemos ya decir "España va bien" aunque sea en el Mundial. Mire usted.

viernes, 5 de abril de 2002

In the guetto

Qualsevol ciutadà que últimament hagi emprès l'esgotadora feina de cercar vivenda haurà comprovat uns fets que només es suposen però que són certament reals.
Ripollet té uns preus que res han d'envejar als d'altres poblacions veïnes, i no és possible escollir una vivenda sense pensar amb aquell personatge a qui estem ajudant a fer ric, molt ric.
Certament, la realitat és que les diferències de preus entre habitatges ja no es donen d'una vila a altra, sinó entre barris d'un mateix poble, com succeeix a Ripollet. A la part més assequible de la vila (Can Mas) podem trobar vivendes disponibles a gairebé una tercera part del que ens costaria un pis al polèmic però exclusiu barri de Can Vargas.
Això és una arma de doble fil, ja que aquestes diferències propicien la creació de "guettos" on sovint recalen les noves onades migratòries i que a la seva vegada fan que els preus es mantinguin baixos degut a la menor demanda per part de la població "autòctona".
I és l'administració la que ha de prendre mesures per tal d'evitar la cada vegada major polarització del teixit social, ja sigui per una banda continuant amb l'edificació d'habitatges de protecció oficial i permenten la possibilitat d'adquirir vivendes a barris nous a preus, diguem-ne mitjans, així com rehabilitar les zones més necessitades.
Per exemple, el Ministeri de Defensa tindria un molt bon paper permetent a l'ajuntament la creació d'equipaments als seus terrenys situats al barri de Can Mas. Una altra bona idea és la futura bossa de pisos de lloguer per a joves, els més necessitats.
Aquestes mesures farien possible l'homogeneització de la xarxa social de la vila.


viernes, 11 de enero de 2002

El fin justifica... ¿los medios?

Si dentro de algunos años se nos pregunta acerca de lo que más recordamos del año 2001, probablemente la mayoría coincida en dos hechos principales: los atentados de septiembre, por lo que tuvieron de repercusión mundial, y el debate en torno al Ecoparc-2 en Ripollet, por su repercusión local.
En el primer caso, los atentados sirvieron de excusa a los EE.UU. para bombardear Afganistán e iniciar una cacería humana, aunque ya hacía mucho, demasiado tiempo, que allí era necesaria una intervención, aunque sólo fuera para liberar a las miles y miles de mujeres que vivían oprimidas por ideas de otro tiempo, de otro mundo. Ideas impuestas por personajes que decían actuar en nombre de la religión islámica, ideas carentes de lógica y sentido en nuestro mundo.
En el segundo caso, también intervinieron una serie de personajes que, amparándose bajo la bandera de la "democracia participativa", hicieron suya una reivindicación legítima pero llevada a cabo de manera bastante más propia de seres con túnicas y grandes barbas que de ciudadanos de Ripollet. Y del mismo modo que los talibanes hacían y deshacían su ley en nombre del islam, había gente que rechazaba el Ecoparc-2 actuando en nombre (decían) de algunos ciudadanos, pero con métodos bastante radicales y fuera de lugar en un pueblo como el nuestro.
Desearía que, al recordar estos hechos, recordase también que el 2002 fué el año en que el diálogo, la crítica constructiva, la participación democrática verdadera hicieron que estos problemas desaparecieran como tales. Ya tenemos un mundo lo bastante complicado como para, además, dirigirnos hacia el lugar equivocado.

viernes, 4 de mayo de 2001

La nueva ley de extranjería

El domingo pasado salió publicada en El Periodico de Catalunya una información donde se afirmaba que Catalunya necesitaría 20.000 inmigrantes. Lo primero que pensé es que la reformada Ley de Extranjería no ayuda como debería a esta demanda, ya que nuevamente los hechos van mucho más adelantados que la ley que los regula.
Para comenzar, esta reforma es un verdadero paso atrás en los derechos y libertades de los extranjeros, y en la previsión de instrumentos jurídicos favorables a su integración, ya que ésta requiere que se les dé un trato igual delante de la ley que el que tenemos los españoles. Pero con el cambio de orientación se detecta un descenso de derechos y libertades de los inmigrantes. Se les priva de libertad de reunión (derecho universal básico y que ha de ser respetado para toda persona en cualquier sociedad democrática); libertad de asociación; derecho a la educación no obligatoria (vehiculo básico para la integración social); la libertad de sindicación y de huelga, y el derecho a la vivienda (otro derecho esencial).
Otro hecho es que se pierde la trascendéncia que se le da al empadronamiento municipal. Eso significa apostar por el mantenimiento de las mismas bolsas de inmigración clandestina y de exclusión social de los extranjeros sin permisos.
El empadronamiento deja de tener valor para obtener el permiso de residencia temporal, y deja de ser requisito suficiente para poder disfrutar de algunos derechos. Un hecho preocupante es que, aunque no se les reconozcan todos estos derechos, los extranjeros "no legales" siguen existiendo, siguen siendo personas y siguen teniendo necesidades básicas. Y los ayuntamientos, la administración más cercana al ciudadano (legal o no) los seguirán atendiendo, a pesar de que probablemente lo tendrán que hacer con menos medios, ya que formalmente no estarán obligados.

Ángel exterminador

  Mitya apenas recordaba el momento exacto en el cual, unos meses atrás, su jefe le dijo que toda la unidad viajaría a Bielorrusia a unas g...